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* Soul Revival *

Reciprocidad.

Reciprocidad. Recibir lo que necesitamos, tomar lo que queremos, gozar y disfrutar de bienes tangibles o intangibles puede estar acompañado o no de una retribución.

De un maestro de Kabbalah (http://www.kabbalah.com/spanish/index.php/) aprendí con mayor claridad el concepto de la retribución o de la actitud reciproca.

Caminábamos en Paris por la Place de la Concorde, era el año 1991 un verano muy apacible, y el tema de conversación era sobre las enseñanzas espirituales andinas, orientales, judías, esotéricas, de los masones y muchas otras que comparábamos y diferenciábamos.

La sapiencia que tienen los cabalistas es realmente muy impresionante y me atreví a preguntarle porque del alto costo de los talleres y seminarios del Center of Kabbalah, realmente tuve que hacer un gran esfuerzo para tomar en aquel entonces el primer nivel de Kabbalah (cabalá). Y la respuesta fue algo tan inteligente y real que hoy quiero compartirla con todos ustedes.

Me contó un cuento pedagógico, algo así como una parábola, que relataba la historia de un empresario judío que había caído en la bancarrota. Vivía en un barrio distinguido de su localidad y literalmente no tenía que comer luego de los remates judiciales que los bancos habían ejecutado; sólo le quedaba un pequeño porcentaje de su casa que un acreedor estaba por negociar. Su situación era muy crítica.

Un católico amigo suyo se había enterado casualmente de la difícil situación económica por la que estaba pasando; pero con mucha discreción y delicadeza, como si nada supiese, lo invitó a almorzar a su casa un día lunes. El judío aceptó sin chistar ya que su alacena y refrigeradora estaban vacías. Fue un almuerzo abundante, casero y delicioso, así mismo la conversación fue muy agradable, llena de risas y profundo relax. En ningún momento se habló de la quiebra, es más el amigo católico aparentó no saber nada al respecto.

Al finalizar se despidieron con un fuerte abrazo y nuevamente el católico le invita a cenar para el martes; le dice que en la cena verán un video que le está llegando en la mañana y que está seguro que le encantará. El judío acepta la invitación y por dentro agradece a Dios por esta bendición.

En la noche del martes al finalizar la cena y de ver el video el católico nuevamente le dice que necesita presentarle unas revistas en hebreo sobre unos productos que desea importar, las mismas que le están llegando a primera hora del miércoles. Entonces lo vuelve a invitar a almorzar para el miércoles y el judío vuelve a aceptar la invitación.

Pero en esta tercera invitación presiente que su amigo, muy discreto y honorable, no ha querido incomodarlo mostrándose amable y sin decirle que sabe lo mal que está financieramente. Siente que se asoma una sensación de vergüenza y un gran deseo de retribución hacia su amigo católico.

"El Pan de la Vergüenza" me dijo el maestro de cabalá - sonriendo y asintiendo - es algo así como una reacción natural que se ve en todas las culturas, sobre todo en las más antiguas.

Sentir vergüenza de recibir y no dar nada a cambio, sentir que sólo recibo como un infante sin dar nada cambio, renunciar a la experiencia de dar, exigir que me den gratis las cosas, los cursos, la vida sin expresar el más mínimo de agradecimiento o reciprocidad. Que vergüenza vivir sin retribuir.

El cuento del judío quebrado termina relatando que éste hizo los mayores esfuerzos para recuperarse, salir de la crisis, empezar de nuevo y poder ser él quien invite a su amigo católico. Es digno sentir el "pan de la vergüenza", es proactivo desarrollar una actitud recíproca con todo lo que nos rodea. No basta decir "gracias" es preciso ir más allá: dar.

Entonces mi maestro de cabalá concluyó diciendo que las personas creen en su mayoría que las enseñanzas de orden espiritual deben ser gratuitas; sin embargo, esa creencia muy difundida, ha hecho mucho daño pues las personas se acostumbraron a que lo espiritual no tiene un valor tangible; entonces los seminarios, conferencias, talleres de espiritualidad se convierten en algo placentero de escuchar y nada más. Luego las personas siguen su vida tal cual sin variación alguna aún habiendo escuchado al líder espiritual más lúcido de su tiempo.

Es preciso que las personas se acostumbren a ser recíprocos sobre todo con lo espiritual; no puede ser que cuando se trate de un seminario de Cabalá o de Reiki, o de cualquier otra disciplina holística se piense en recibir importantes lecciones para la vida y a cambio brindemos el olvido de lo escuchado o una pobre limosna. Eso ni siquiera es pedagógico, es como si a un hijo sólo se le engría dándole todo lo que quiere sin exigirle responsabilidades o rendimiento en su colegio. Es preciso que fortalezcamos la cultura de la reciprocidad y del auténtico agradecimiento. El mundo así será más equilibrado, mucho mejor.

Hasta el próximo jueves,

Juan de la Piedra
jdelapiedra@reikiperu.com
Editor
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3 comentarios

Gassho Juan -

Mark, tal vez preferimos creer antes de saber o conocer; en mi experiencia no existe la dicotomía entre lo espiritual y lo material, esa clasificación fue una forma académica de explicar dos maneras del ser. Lo cierto es que no existe una acción recíproca si no sale de "adentro"; el pago que tu llamas material debe nacer del interior. Es en mi concepto un error creer que podemos vivir recibiendo sin dar nada a cambio; el dinero es sólo una forma practica de resolver la reciprocidad... no la única. Tampoco es pedagógico andar por ahí dando sin enseñar al que recibe que debe también aprender a dar. Es preciso, sobre todo en nuestro mundo de hoy, que todos aprendamos a dar.
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Mark -

Permíteme disentir en tus aseveraciones: Yo pienso que la sensacion de deuda es interna y nada tiene que ver con la paga material. Igual uno puede pagar millones por recibir algo que después se olvidará. Las enseñanzas DEBEN ser gratuitas, porque todos somos iguales y con el mismo derecho a merecer y a contribuir. El que la gente no aprecie las enseñanzas, es otra cosa

Cyndi Cartney -

cuando Jesús dijo: deja todo y sigueme, estaba pidiendo el precio más alto que puede pagarse. ¿No es verdad? Gracias por tus artículos maravillosos. Cyndi
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