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¿Año Nuevo?

¿Año Nuevo?

 

 

 

Año Nuevo: ¿Ilusión o realidad?


Las observaciones que hacían los incas del sol, les permitieron calcular los solsticios de verano (21 de diciembre) y de invierno (21 de junio). La enorme extensión de territorio del Imperio comprendía los dos hemisferios. De allí que descubrieron la existencia de la zona ecuatorial, donde el sol del mediodía no daba sombra en algunas columnas o pilares durante determinadas jornadas, las del equinoccio.

Los astrónomos Incas establecieron un calendario de 365 días, cada uno de los cuales estaba materializado en una huaca o lugar sagrado. Diez de estas huacas venían a representar una especie de semana, y tres de éstas formaban el mes, o quilla, doce de las cuales daban lugar al año.

Este calendario fue utilizado para las labores agrícolas y para las fiestas. El año se iniciaba en diferentes meses, para las distintas etnias del territorio. En general, entre los agricultores comenzaba en agosto-septiembre, con la siembra, y acababa en junio-julio, después de las cosechas.

Por su parte, el reloj solar de Machu Pichu permitía precisar el solsticio de invierno, para la gran celebración al dios Sol.


El pueblo azteca daba gran importancia al tiempo, que era registrado en dos calendarios: el de 365 días, xihuitl, que era el solar y o agrícola, compuesto por 18 meses de 20 dias, mas cinco dias "inutiles" o "aciagos"; y la cuenta de los destinos de 260 días, llamada tonalpohualli, que tenia mas bien carácter adivinatorio.

Este esta divido en 13 meses de 20 días cada uno. Cada día tiene un nombre y se combina rotando con un número del 1 al 13, hasta completar los 260 días (13 veces 20=260). Cada día con su numeral tiene una carga energética que lo conecta con la fuerza del cosmos, y esta bajo la protección de un dios, se relaciona a un rumbo del universo y a un color, y tiene un augurio asociado.


El Calendario Chino, conocido como el "calendario agrícola" es un calendario lunisolar. Los calendarios solares tienen como unidad de medida el día, mientras que los calendarios lunisolares utilizan el mes. Para ajustar el calendario a la duración del año, el calendario Gregoriano (solar) añade un día cada cuatro años, mientras que los lunisolares (Judío, Chino) añaden un mes cada tres años.

 

En nuestra civilización occidental hemos conocido sólo dos eras auténticas: la era "ab urbe cóndita" (la que se inicia con la fundación de Roma), y la era "ab incarnatione Dómini" (desde la Encarnación del Señor), que propuso en el año 527 el monje Dionisio el Exiguo, y que el año 607 asumió como propia el papa Bonifacio IV. Esta fecha se fijó en el 25 de marzo (fiesta de la Anunciación y por tanto de la Encarnación) del año 753 ab urbe cóndita; luego se desplazó hacia el 25 de diciembre y el 1 de enero, en que se conmemora el nacimiento de Cristo (está clara la incongruencia de celebrar en días distintos el nacimiento de Cristo y el principio del año, cuando se pretende que la cuenta de los años empieza en este acontecimiento).

El Papa Gregorio XIII reunió un grupo de expertos que, después de cinco años de estudios, implantó el calendario que actualmente tenemos en vigor en la sociedad occidental, realizando las siguientes reformas al calendario juliano.

Se excluyeron diez días, disponiéndose que el 5 de octubre se contase como 15 de octubre.
Se corrigió la duración del año solar, estableciéndose en 365 días, 5 horas, 49 minutos y 12 segundos.
Se hizo empezar el año el 1 de enero.
Los años seculares se convirtieron en bisiestos sólo si resultaban divisibles por 400, de este modo se ganaba la fracción de un día cada cien años, que en 15 siglos había ascendido a 10 días.
El nuevo calendario fue inmediatamente adoptado en todos los países católicos, pero el resto del mundo tardó en aceptarlo, siendo Rusia el último país que lo adoptó en 1918.

 

Los calendarios lunares fueron los primeros que utilizó la humanidad para medir el transcurso del tiempo debido a la facilidad de observación de la Luna y sus períodos. El calendario lunar fué apropiado a poblaciones nómadas y a pescadores y cazadores. Sin embargo el curso de las estaciones según el calendario solar era el que determinaba los períodos importantes en relación a la producción de alimentos mediante la agricultura.

 

Con todo el jolgorio que armamos en las celebraciones del Año Nuevo, perdemos de vista lo que celebramos. Más o menos como quien va a una boda, un bautizo o un cumpleaños, y ni siquiera sabe de qué va la fiesta, ni en honor de quién se celebra.

 

El caso es que toda cuenta de los años constituye por sí misma la proclamación más solemne y fehaciente de que en el año cero de esa cuenta se inicia una era, que es tanto como decir una forma singular de entender la vida, de entender la humanidad.

Desearnos feliz año es mostrar abiertamente nuestra sana intención de que siempre nos vaya bien. Que así sea, feliz hoy, feliz mañana, feliz año para todos.

Hasta la próxima.

Juan de la Piedra
Editor
juan.delapiedra@gmail.com

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